Por: Paolo Castro Villarroel CEO & Founder, Not Nutrition University (NNU)
En el debate contemporáneo sobre la asignación de recursos públicos, pocas decisiones poseen una trascendencia tan estructural como aquellas que impactan la trayectoria educativa y el bienestar de la niñez. En este marco, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) de la JUNAEB se erige como una de las políticas sociales más relevantes del Estado chileno. Con más de seis décadas de funcionamiento desde su establecimiento en 1964, el programa ha evolucionado de ser una respuesta asistencial a constituirse en la columna vertebral de la protección social y el fortalecimiento del capital humano en Chile.
Según la información institucional más reciente, el PAE gestiona una operación de magnitud sistémica, entregando diariamente más de 4 millones de raciones a cerca de 1,6 millones de estudiantes. Ante los actuales desafíos macroeconómicos y la necesaria prudencia fiscal, es imperativo elevar la discusión desde la contabilidad básica hacia una inteligencia de gestión que distinga con precisión entre el gasto prescindible y la política pública estratégica.
1. El PAE como Activo Estratégico de Capital Humano
Considerar el PAE meramente como una partida de gasto corriente constituye una lectura incompleta de su función país. Su valor excede el costo presupuestario directo, pues genera las condiciones biológicas mínimas para el aprendizaje, la asistencia regular y la permanencia escolar, especialmente en contextos de vulnerabilidad socioeconómica.
Desde la neurociencia aplicada, la seguridad alimentaria es la condición sine qua non para el desarrollo cognitivo. Una alimentación de alta densidad nutricional permite una modulación óptima de los niveles de cortisol, reduciendo el estrés metabólico y facilitando la neuroplasticidad. En consecuencia, el PAE opera como un ecualizador biológico: garantiza que el origen socioeconómico no dicte la capacidad intelectual del ciudadano del mañana. La pregunta relevante para el Estado no es solo cuánto cuesta el programa, sino qué capacidades sociales preserva y qué costos futuros en salud y productividad ayuda a evitar.
2. Optimización Operativa: Maximizar la Ingesta y Minimizar la Pérdida
Frente a las restricciones presupuestarias, la respuesta técnica no debe ser el recorte del beneficio, sino la maximización de la eficiencia en la gestión. El foco debe desplazarse hacia una evaluación fina de la cadena de valor para asegurar que cada peso invertido se traduzca efectivamente en nutrición real (ingesta).
- Reducción de Pérdidas y Desperdicios: Es crítico auditar los procesos logísticos para disminuir la merma de productos. Una gestión basada en evidencia y una supervisión técnica rigurosa permitirían rescatar recursos que hoy se diluyen en ineficiencias operativas, garantizando que los insumos lleguen en condiciones óptimas al establecimiento.
- Mejora de la Tolerancia y Aceptabilidad: La eficiencia del programa se mide por el consumo efectivo. El esfuerzo debe orientarse a elevar el estándar organoléptico y la pertinencia de las preparaciones. Un menú rechazado representa una pérdida patrimonial para el Estado. Por ello, la innovación debe priorizar la aceptabilidad biológica y cultural, transformando la ración en un factor protector real.
3. Dimensión Territorial y Dinamización de Economías Locales
El PAE ha adquirido una dimensión de articulador territorial que lo transforma en una plataforma de desarrollo regional. La integración de compras locales (agricultura y pesca) genera un impacto con mucho potencial integrativo:
- Calidad Superior: Asegura la frescura de los insumos y mejora el perfil nutricional al reducir los tiempos de transporte.
- Sostenibilidad Económica: Actúa como un vehículo de encadenamiento productivo, inyectando liquidez directamente en las regiones y estimulando la creación de empleos locales.
- Pertinencia Cultural: Permite que la alimentación escolar refleje la identidad del territorio, aumentando el vínculo emocional del estudiante con su alimentación.
Un Compromiso con el Desarrollo Humano
La discusión no debe reducirse a una lógica simplista de “recorte versus mantención”, sino orientarse a una optimización de costo, cobertura y calidad. Asegurar la continuidad y mejora de la gestión del PAE es proteger el cimiento sobre el cual se construye la prosperidad y la equidad de nuestra nación. La bandeja escolar es, en última instancia, un compromiso ineludible con el desarrollo humano integral de Chile.